La principal mancha que tiene el candidato a la alcaldía de Bucaramanga, el señor Pedro Amaya, viene del historial de corrupción del partido político que lo avaló para llegar al Concejo de la misma ciudad; el partido Opción Ciudadana, el partido con más militantes tras las rejas por vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo.

El candidato argumentó en la entrevista realizada por la iniciativa del Bus no más corruptos, que todos los partidos políticos en algún momento presentaron algún escándalo de corrupción: “todos los partidos están untados de corrupción”; pero lo que él quiere ignorar es que el partido Opción Ciudadana fue una iniciativa mafiosa para poder, a través de su propia organización política, acceder al poder político sin la necesidad de recoger firmas, o buscar avales de los partidos políticos tradicionales. Además, está justificando la corrupción y la ilegalidad al decir que en la historia política del país los partidos políticos en algún momento han habido escándalos de esta índole.

Un candidato que se justifica de esta forma no merece representar a los bumangueses en la alcaldía de la ciudad por una sencilla razón, representa la misma politiquería leguleya, mafiosa y clientelar que ha sumido en el subdesarrollo mas abyecto al país. A este tipo de candidatos hay que decirles no en las urnas, ese es castigo de la ciudadanía a los pésimos administradores públicos, que con demagogia buscan llegar al poder: proponiendo una nueva zona Ramsar en el páramo de Santurbán ¿quiere evitar la depredación del oro en la región?, amanecerá y veremos, le dijo un ciego a un sordo.

Su programa de gobierno “gobierno confiable y participativo” se basa en una falacia si se tiene en cuenta que para ser un gobierno confiable debe basarse en la honestidad e idoneidad tanto de sus funcionarios como de sus avaladores y el señor Amaya no representa eso, sobre todo cuando se le pilla jugando solitario en plena plenaria del Concejo de Bucaramanga

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