Rodolfo José Hernández

En estos tiempos las fronteras entre lo privado y lo público se han ido diluyendo en un mar de interacciones digitales en las que la política se ha sensibilizado en detrimento de los argumentos racionales, los argumentos racionales han ocupado las posiciones de la ética personal y los escándalos íntimos pululan por sobre la contundencia política. Cualquiera pensaría que la conducta pervertida de un niño o un adolescente vinculan primordialmente a su familia. Pocos pensarían que los comportamientos corrompidos de un adulto en material sexual tienen que ver con su familia. La formación psíquica, ética y personal de un adulto habla mucho de su familia, aunque no es posible leerla con los signos que se nos ponen en frente.

Grabarse practicando relaciones sexuales no es ninguna práctica corrupta si las personas que intervienen en la película aceptan de antemano ser grabadas. Otra cosa muy diferente es que sin consentimiento previo una de las partes decida hacer público algo que pertenece a la esfera íntima –que ni siquiera privada- y personal de una pareja o un grupo de personas. Pareciese peor que una de las partes sea grabada sin que la otra persona pase por enterada que está siendo capturada en un registro digital. Esto sí que es corrupción, esto si q es tener la conciencia manchada con quién sabe qué intereses y bajo que valores éticos. Es un acto de corrupción a los valores de la pareja, a la ética de la mujer y un insulto para muchas que defienden las causas femeninas.

Es lo que recientemente ha hecho Rodolfo José Hernández, hijo del actual alcalde Bucaramanga, con su otrora pareja sentimental Paola Ramírez. Diferentes medios de información nacional han informado y alertado de la última jugadita del vástago de este popular alcalde famoso por irse de frente contra la corrupción. Tan bien hablado señor bumangués debería estar atento de a dónde tendría que dirigir su mirada para atacar la corrupción. La corrupción corre por los muros de su propia casa, circula por la sangre de su propia familia.

En términos jurídicos no estamos habilitados para hacerle reclamos a un padre por las conductas de su hijo. Y pareciera que en términos éticos también lo estamos muy poco si aceptamos la libertad personal de la que cada sujeto hace uso para proceder a comportarse. Pero si cambiamos las palabras y nos dirigimos a la libertad de conciencia, la cosa cambia. La conciencia tiene mucho que ver y está en su código interno estructurada con la infancia, con lo que en ella pasó. No somos expertos sicoanalistas para atrevernos a someramente delinear el perfil psíquico de un individuo, pero si podemos apuntar que su proceder como ciudadano está directamente relacionado con su crianza familiar, más que sobre cualquier otra vindicación social. Así que si José Rodolfo Hernández hizo lo que hizo tendríamos que hacerle un reclamo antes que nada a la crianza que recibió de su casa, de la figura de su padre, que es con la que el niño que está desarrollando su conciencia se identifica.

Antes de pregonar de buenas prácticas políticas, de la honradez en política, el alcalde Bucaramanga debería promocionar la honradez ética, atacar la ética corrupta de los ciudadanos, de su hijo. Aquel que sin más hizo lo que a sabiendas estaba mal hecho, grabar a una dama que le entregó su amor.

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